El legado del uribismo: el balance pendiente
El narcoparamilitarismo no es un "legado" de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), como erróneamente dice El Espectador en su editorial http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-245079-el-nefasto-legado-de-auc; es un legado de Alvaro Uribe Vélez (AUV) y del fracaso de sus políticas, empezando por la desmovilización paramilitar, durante el casi decenio de sus gobiernos.
Lamentablemente para el país, ese fracaso se hace cada vez más evidente a medida que se publican cifras y hechos relativos a todos los sectores de la administración estatal durante el uribato. Incluso, los espectaculares éxitos militares contra las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo) no necesariamente significan, en términos de la estructura de la guerra, éxitos estratégicos cuya permanencia conduzca al fin de las acciones de dicho grupo, sin considerar, tarde o temprano, la opción de una negociación para liquidar la guerra.
Es demasiado pronto para que los expertos y opinadores intenten un balance fiable de los gobiernos de Uribe, cuyo resultado más consensual, por ahora, es la llegada al gobierno de Juan Manuel Santos; de eso no hay duda. Pero hay todavía demasiados intereses que la caída de la reelección truncó, y cuyos usufructuarios acarician aún la esperanza de que los mejores días para ellos regresarán y podrán continuar con los planes -grandes y costosos negocios pendientes en infraestructura física, agroindustria, minería y petróleo, energía y telecomunicaciones - dentro de los mismos círculos financieros y sociales actuantes durante el decenio pasado. Por ahora están siendo parcialmente remplazados por los cercanos al santismo y a su estrategia de alianzas de centro-centro y centro-izquierda. Esta es, hasta ahora, la novedad visible de Juan Manuel Santos (JMS), más allá de ciertos cambios en el estilo y en el 'charm' personal del mandatario bogotano.
Es, precisamente, esa esperanza de los uribeños y la incertidumbre frente a la impunidad de sus delitos (para muchos certeza ya), la que mantiene al país todavía en una tensión inconveniente que, si dura más de la cuenta, el riesgo de que escale hacia un enfrentamiento entre amplios sectores de la población civil, podría hacerse patente.
Colombia: elecciones regionales 2011
Es perceptible que una proporción considerable -aunque todavía no medida como se debe por las encuestas - rechaza la posibilidad de un regreso de Uribe y los uribeños al poder, al menos en la configuración que tenía antes de JMS. Esto dificulta o hace impracticables las aspiraciones electorales directas de Uribe Vélez y de su círculo más afecto e identificable, por lo que sus tácticas se mueven hacia convocar nuevos liderazgos que les permitan camuflar los viejos mediante, entre otros recursos, los llamados "talleres democrácticos". La sola adopción de tal nombre está denotando la intención subyacente de dar prioridad a los procedimientos; una operación de mecánica electoral.
Aunque la táctica de los "talleres democráticos" tiene sus variantes regionales, se inscribe también dentro de la estrategia de cooptar y dividir a sectores de opinión de centro-centro o centro-izquierda que subsisten subordinadamente en el Partido Verde, en el Partido Liberal, en el Polo y en los "sin partido". Los rumores que los propagandistas de Uribe han estado propalando sobre las simpatías de Uribe y los uribeños por Enrique Peñalosa como el candidato "verde" (aunque en realidad es bastante verde-pálido) al que apoyarían para la alcaldía de Bogota, y, quizás, los reproches de centralismo de Sergio Fajardo contra su Partido Verde, pueden formar parte de la misma manipulación uribeña de la coyuntura: un Fajardo periférico, víctima de la exclusión de las centralistas directivas verdes suena bien a los oídos de la clientela uribeña, siempre quejosa de la discriminadora y excluyente oligarquía bogotana (como si en Antioquia los quejosos no representaran, a su vez, a la oligarquía montañera, como les gusta llamarse).
Para darle credibilidad a las quejas, los uribeños parece que cuentan con Antanas Mockus, cuyas declaraciones contradictorias y confusionistas, no han surtido otro efecto que allanar el camino para que el uribismo alcance el éxito de su plan divisionista y disolvente de los sectores críticos o independientes que podrían agregarse al Partido Verde, con la excepción probable del petrismo. Aunque ahora le brindan al elector una galleta apetecible, representada en la supuesta aspiración de la ex-parlamentaria Gina Parodi, cuyo papel merecerá capítulo aparte, apenas se precise un poco más la coyuntura electoral, de forma que puedan verse también los escenarios factibles para partidos como el Polo Democrático Alternativo y la fracción que aglutinan Gustavo Petro, el concejal Carlos Vicente De Roux y el senador Luis Carlos Avellaneda, para referirse sólo a los que están por fuera de la inefable y gobernante Alianza por la Unidad Nacional.
Dudo mucho que cualquier cosa que salga de tan enrarecida olla política sea buena para Colombia. Incluso, el éxito de los esfuerzos del gobierno de Santos, con su enfoque de prosperidad y de reivindicación social, podría estar seriamente comprometido. Adelgazando más el hilo hasta se puede aventurar la sospecha de que el uribeñismo podría estar interesado en producir un resultado electoral que se convierta en un atolladero legislativo, financiero, administrativo (y hasta de orden público, pues hay narcoparamilitares que coincidirían con esto) contra el gobierno de JMS, Germán Vargas Lleras, Juan Camilo Restrepo y Angelino Garzón.
La prosperidad democrática, la equidad y el buen gobierno: ¿Una nueva alianza?
En contraste, las elecciones regionales podrían ser la "vuelta de tuerca" que desate una nueva alianza favorable a ahondar el enfoque de prosperidad democrática, reivindicación social y buen gobierno que preconiza JMS, a despecho de los más recalcitrantes uribeños del Partido de la U. En esa nueva alianza cabrían los verdes y toda la clorofila de la fotosíntesis política que mira hacia allí, lo mismo que el polismo menos insensato; el petrismo, que de lo contrario estaría más perdido que la plata de los Nule; aparte, claro está, de las cartas duras del santismo en la U., el partido liberal, el vargasllerismo y las nuevas tendencias que lideran el vicepresidente Angelino Garzón y tal vez el ministro Juan Camilo Restrepo, quien puede resultar con un merecido nicho propio. Se trata de 'despajar el mazo' para 'bajarse' de las cartas que no hacen juego, como dirían en el póker. Esas se quedarían con el uribeñismo y el conservatismo, pero se empezaría a delinear con mayor precisión el territorio de la política en Colombia para la próxima década y hasta por más tiempo, si esa alianza, además del gobierno de la prosperidad democrática y la equidad, logra la paz y liquida la delincuencia organizada.
El auto-ostracismo de Uribe: ¿una opción patriótica?
A menos que Uribe, en un acto de cordura hacia sí mismo, hacia su familia y hacia Colombia, o por pudor y pena, decide abstenerse de participar en la vida política y esperar con resignación los fallos de la justicia que penderán sobre él y sobre casi todos sus lugartenientes durante los años venideros. Esto haría más dúctil el material político en juego y podrían tener cartas en la nueva partida algunos de los personeros de la vieja alianza uribeña que no tengan pendencias judiciales abiertas o previstas. El auto-ostracismo de Uribe Vélez puede ser una opción de hondo significado histórico, hasta reivindicatoria de sí mismo, de cara al porvenir. Me atrevo a especular que puede haber sido parte de alguna reflexión de insomnio del expresidente. En todo caso, en un momento así es cuando se echa de menos la sabiduría política ateniense, que a los dirigentes más destacados y queridos por la plebe ática, pero que se tornaban hegemónicos o autoritarios tras su permanencia en el poder, les decretaba el ostracismo temporal, votado por la asamblea como medida de seguridad pública. Pero en ninguna parte ni nunca se ha excluido que el auto-ostracismo pueda ser una opción democrática y, si les gusta el término, patriótica.
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