viernes 14 de mayo de 2010

Colombia sin Hambre y el TLC con Europa


Hagamos país para todos, no plata para unos pocos

El tabloide bogotano El Espectador y el diario conservador español El Tiempo que publica en Colombia el grupo editorial ibérico Planeta, han abogado al unísono por el TLC con Europa que se firmará la semana entrante en Madrid. En sus respectivos editoriales (http://elespectador.com/union-europea/articulo-203153-si-al-tratado-union-europea) y (http://www.eltiempo.com/opinion/forolectores/un-paso-trascendental_7708392-1), no solo instan a que el gobierno firme cuanto antes el tratado, haciendo caso omiso de las objeciones de varios sectores económicos, sino que regañan a quienes en nombre de los productores lecheros han advertido sobre los riesgos del mismo. Alegan un interés general que sin embargo no explican y, como en la discusión sobre el fallido TLC con USA, hablan de los beneficios que traería dicho tratado, al estimular la exportación y el empleo. Inclusive se atreven a hablar de los beneficios para el campo y citan palma aceitera, banano y flores.
La verdad es que muchos colombianos quisiéramos saber cuáles son esos nuevos productos con los cuales vamos a competir en ese mercado de compradores ricos y bien jubilados, como es el europeo. Los productos citados son los mismos que bajo condiciones relativamente favorables se vienen exportando hace años.
Lo que no dicen esos diarios, propiedad de grupos económicos ligados a intereses europeos (hace rato que el Grupo Santodomingo, propietario de El Espectador, pasó de ser un grupo industrial colombiano a ser un grupo financiero global, con asiento en España y Francia, y con unas inversiones en medios de comunicación colombianos, en donde las empresas europeas que operan en Colombia compran pauta publicitaria) es que detrás del ansiado TLC europeo (como del fallido con USA) están los intereses de algunos importadores y empresas internacionales que quieren acabar de recoger la plata del narcotráfico y de la bonanza energética de unos pocos, plata que circula en manos de unas minorías, de compradores de autos caros, de especuladores financieros y de bienes raíces en USA y en los mercados europeos, entre otras cosas.
Y le están echando la culpa a los campesinos y empresarios lecheros que con su protesta van a malograr el negocio europeo ahora que el gringo se aplazó, quién sabe por cuánto tiempo.
Pero vayamos por partes. El campo no tiene por qué afectarse con el rechazo al TLC. La palma de aceite, el banano y las flores no son "el campo", como alegan los editorialistas, tan urbanos ellos como los dueños de palma, banano y flores. Esos productos ya se vende solos (con algunas dificultades coyunturales en flores) y los habitantes de "el campo" no cultivan ninguno de los tres. Entre otras cosas porque, por ejemplo, sembrar una hectárea de palma cuesta entre 7 y 10 millones de pesos, con semilla patentada y vendida carísima por empresas europeas (con la palma está pasando lo mismo que en el siglo 19 pasó con el caucho); el banano al que se refieren es un negocio de gringos aliados con un puñado de empresarios en Urabá y los campesinos no siembran flores sino en materas.
Como ningún campesino puede darse el lujo de pagar semillas de patente para esperar tres años la cosecha, entonces producen alimentos de pancoger y un poco de leche. Pero ahora resulta que para los representantes del "nuevo tratadismo" económico la suerte de 450 mil productores de leche (y multipliquen por 4) es despreciable, pues se trata de ... un interés particular. ¡Habráse visto, semejante chiste tan serio!
Pues la verdad es que las empresas kumiseras y yogurteras europeas, omnipresentes en el mercado colombiano a través de sus socios locales, y beneficiarias del TLC europeo, se cuentan entre las principales opositoras a que la producción lechera se convierta en un recurso para la lucha contra el hambre en el país. Hace unos meses obstruyeron la propuesta del gremio lechero de crear un fondo social, descontando 25 pesos de cada litro crudo vendido, para darle más leche a niños, madres y ancianos que no la pueden tomar o que no ingieren las cantidades suficientes. Esas mismas empresas, grandes anunciantes e inversionistas en publicidad y medios, están empeñadas en acusar a Fedegan y al Polo Democrático Alternativo de estar saboteando "el interés general" al oponerse a la firma del TLC con Europa.
Valga la pena recordar que esta curiosa alianza entre contradictores (Polo-Fedegán) demuestra que a la hora de las definiciones políticas lo que importa son los intereses concretos que se tengan y no presuntas lealtades ideológicas. Eso me lleva a pensar que le va a tocar a Fedegan apoyar el programa de Colombia Sin Hambre, un desarrollo del Bogotá Sin Hambre de la alcaldía de Lucho Garzón, que el Partido Verde ha propuesto a los colombianos. Le tocará al Presidente de Fedegán, José Félix Lafaurie, muy a su pesar quizás, quitarle su respaldo a la candidatura de Juan Manuel Santos y dárselo a Mockus, pues por lo visto éste podría representar mejor los intereses del gremio, por su visión ponderada y equitativa del papel del estado como árbitro de los negocios. Ojalá no le parezca a Mockus demasiado "bovina" esta adhesión y la rechace. El caso es que el "binomio de plata" (por Uribe-Plata, el Ministro de Comercio) está metido en un grave predicamento, ad portas de perder muchos aliados, por culpa del empecinamiento de Plata y las empresas que lo aúpan, de imponer el TLC con Europa a toda costa.
Y que no nos vengan ahora con el cuento de que estamos defendiendo el atraso rural, frente a los palmeros, bananeros y floricultores que supuestamente representarían la vanguardia económica y tecnológica de la economía con base agrícola; como si estos resultaran perjudicados por el rechazo al TLC europeo. Pues no. Bienvenidas la palma, el banano y las flores, importantes fuentes de ingresos y de empleo para dichos sectores de la economía; sobre todo si, como está empezando a ocurrir en el caso de la palma, ésta se cultiva con sostenibilidad ecológica y con respeto al acuerdo de derechos humanos y de equidad social, preconizados por el controvertido pero interesante Convenio RSPO (Roundtable of Sustainable Palm Oil). Pero estos cultivos ni sus empresarios son los únicos empresarios rurales ni la mayoría de los productores del "campo". La mayoría de los habitantes rurales, la verdad sea dicha, no tiene nada que ver con esos cultivos y eso no tiene necesariamente nada de malo. Lo que si estaría mal es que enarbolando el sofisma de un supuesto perjuicio a este "campo", se atropellen los intereses del otro "campo", el más tradicional y subalterno, el más excluido de los programas de desarrollo tecnológico por el oligolpolio que para el acceso a estos bienes ha sido impuesto, entre otras cosas, por el actual gobierno, aunque no ha sido el único, para ser justos.
¡Qué eso es proteccionismo!, corean los editorialistas. Pues sí señores; al igual que lo hacen los Estados Unidos y Europa con los productos agrícolas de su mercado interno (¿se acuerdan de los tomates de Bouvier, el "campesino alternativo" francés?). No sólo tenemos el derecho sino la obligación de garantizar la seguridad alimentaria y proteger la autonomía alimentaria de nuestros hijos y nietos; esa es la prioridad. Somos convencidos de impulsar la innovación agrícola y agroindustrial; de ampliar los beneficios y estímulos que hoy se conceden a la gran agroindustria a todos los productores de alimentos y a quienes incrementen la productividad mediante la incorporación de tecnologías, a ver si algún día tenemos productos nuevos para exportar en condiciones competitivas. Entre tanto, preparémonos, abasteciéndonos de alimentos, reduciendo el hambre, acumulando riqueza en nuestros productores, agrarios y urbanos. Hagamos país para todos, no plata para unos pocos.