viernes 23 de diciembre de 2011

Historia del futuro. Pastrana y Uribe y la que podría ser una versión de la historiografía dentro de 50 años

A proposito de http://www.kienyke.com/2011/12/21/la-otra-carta-del-ex-presidente-pastrana/

Es posible que a la vuelta de medio siglo, la historiografía se refiera así sobre estos dos dirigentes:

Andrés Pastrana, delfín político conservador, heredero de su padre el también expresidente Misael Pastrana promovió, sin embargo, una visión liberal de la pacificación de Colombia y se arriesgó a un proceso de paz que fue ignorado por la arrogancia políica de las FARC y su tradicional falta de sintonía con el sentimiento popular, desencadenando el fracaso de la iniciativa gubernamental. En contraste, esto implicó para las FARC, una pérdida irrecuperable del prestigio y credibilidad que durante 40 años habían tenido sus propósitos subversivos entre ciertos sectores de la sociedad, intelectuales, sindicalistas, etc., y miembros de la llamada comunidad internacional, especialmente gobiernos socialdemócratas europeos de finales del siglo XX. Se produjo así, casi sin intervención del mismo Pastrana, una suerte de derrota estratégica de las FARC, opacada sólo por su considerable capacidad de daño a través del secuestro de civiles y de interferir el tráfico por las principales vías terrestres del país.
Pastrana fue sucedido en 2002 por Álvaro Uribe Vélez, un emergente caudillo de la occidental provincia antioqueña y en ese momento nueva cabeza visible de los intereses políticos de hacendados, terratenientes y élites tradicionalistas, pese a que por razones electorales siempre había fungido como miembro del partido liberal. Uribe, en su afán por alcanzar el control del estado y retribuir a los sectores que habían contribuido en su ascenso político, aprovechó el desencanto de amplios sectores de la sociedad colombiana radicalizando su postura frente a las FARC y ofreciendo un gobierno de "mano dura y corazón firme", como lo llamó, para acabar con este antiguo conflcito político, cuyo carácter, además, pretendió desconocer para darle el tratamiento de un simple asunto de criminalidad. Uribe, cuyo padre había muerto en un confuso tiroteo rural con secuestradores presuntamente al servicio de las FARC, fue percibido, junto con los sectores que representaba, como víctima; todos habían sido duramente golpeados por la actuación de las guerrillas. Y el gobierno que prometía, a su vez, fue percibido entonces como el gobierno de las víctimas de las FARC, por lo que desde el inicio gravitó en el imaginario popular la sensación de que más allá de la política, su gobierno se inspiraba también en un afán de justiciera venganza contra las FARC. Eso significó condenar al estado y a la sociedad colombianos a pagar un alto costo, pues la estrategia de Uribe sólo pudo aplicarse parcialmente mediante una alianza de facto con grupos de la antigua delincuencia narcotraficante, que venían siendo convenientemente orientados y utilizados por sectores de las fuerzas militares, apoyados por grupos de terratenientes, ganaderos y cazafortunas que tenían nexos antiguos con delincuentes organizados. Aquellos grupos, llamados con cierta impropiedad como "paramilitares" terminaron protagonizando las más execrables violaciones a los derechos humanos, crímenes de lesa humanidad, que horrorizaron al país y a la comunidad internacional y cuya actuación fue tolerada, a las buenas o a las malas, y en unos casos casos propicada, por núcleos sociales de poder regional y por autoridades militares y de policía; todos ellos utilizando la crisis como una nueva oportunidad para lucrarse mediante el despojo de tierras y bienes de las víctimas. El período gubernamental de Uribe Vélez, ampliado mediante una turbia reforma constitucional para permitir su reelección y que, paradójicamente, casi consigue lo que nunca consiguió la guerrilla, es decir destruir institucionalmente el país, ha sido considerado como una especie de "década pérdida", pues no solamente fracasó en sus objetivos estratégicos de derrotar la subversión sino que al resultarle imposible controlar a sus aliados paramilitares, dio origen a la proliferación de bandas criminales de antiguos y nuevos paras y narcotraficantes, resultantes tras una fallida desmovilización mediante la ley de Justicia y Paz de 2005. Vista en perspectiva, la derrota estratégica de las FARC infligida durante la administración Pastrana, fue reconvertida por Uribe Vélez en una oportunidad para que atniguos grupos de delincuentes y sus descendientes se hiciesen al poder político, controlando el parlamento, los gobiernos regionales, la burocracia estatal, la contratación de obras públicas, las megaconcesiones de energía e infraestructura y las tierras productivas dentro y más allá de la frontera agrícola. El país concluyó la primera década del siglo XXI sumido en el mayor desequilibrio institucional de su historia y arrastrando el peso de casi 5 millones de víctimas directas del conflicto, la mayoría generada durante el uribismo, billonarias pérdidas del presupuesto público y un enorme desgaste de la fuerza pública, de las institiciones politicas y de la justicia, además de la muerte política de connotados dirigentes.  Hasta que apareció Juan Manuel Santos, un encumbrado ex-uribista, cuyo transfuguismo político lo acreditó como el Houdini de la política colombiana, y en quien el caudillo antioqueño había puesto, un poco a regañadientes, sus esperanzas de continuidad. No obstante, tales esperanzas, ciertamente vanas esperanzas, se esfumaron desde el mismo discurso de posesión del exministro bogotano, quien ocupó en 2010 el sillón presidencial que a mediados del siglo XX había ocupado también su tío abuelo Eduardo Santos. Se trató, sin duda, de otro delfín. ¿Acaso Colombia estaba condenada a ser manejada por las mismas élites históricas que lo habían hecho a través de su historia bicentenaria? Cuando lo intentaron quienes no pertenecían a las élites o no eran sus delfines terminaron asesinados, marginados o fracasados, entre los que Uribe Vélez fue hasta entonces apenas un ejemplo más de ellos. Diciembre 2011

domingo 6 de noviembre de 2011

Programa Minimo del Movimiento Estudiantil

El buho de la Culebra brinda sus páginas en remodelación  para contribuir en la divulgación de este documento de debate producido por el movimiento estudiantil colombiano:

"PROGRAMA MINIMO DEL MOVIMIENTO ESTUDIANTIL UNIVERSITARIO


  1. FINANCIACIÓN.
  •  Aseguramiento de la Educación como un derecho y una condición necesaria para el desarrollo nacional, dejando de lado su connotación como mercancía; por tanto, rechazamos de manera íntegra y categórica la nueva Ley de Educación Superior y cualquier medida que tenga como propósito abrirle paso al lucro y a las transnacionales de la Educación Superior, incluyendo aquellas que hacen parte de los Tratados de Libre Comercio y los demás acuerdos comerciales que Colombia adopte sobre ésta materia.
  • Financiamiento  estatal adecuado a la Universidad Pública sin condicionamientos, es decir, un aumento de los recursos estatales a la base presupuestal que dé cuenta de los costos generados en seguridad social, nomina docente y administrativa, programas de bienestar, aumento de cobertura, investigación e inversión; entendiendo que la financiación adecuada de la Universidad Pública es la principal herramienta para el aseguramiento de la calidad. De igual manera exigimos el pago de la deuda del Gobierno Nacional y de los entes territoriales con las Universidades Públicas.
  •  El Estado debe ejercer la función de inspección, vigilancia y control sobre los montos de las matriculas en universidades colombianas. Los estudiantes debemos ser participes de manera real en las discusiones que al interior de las universidades se dan en torno al particular. Estas medidas deben estar orientadas hacia el congelamiento de matriculas en universidades privadas y públicas, y la gratuidad en las universidades públicas hacia el futuro tanto en pregrado como en posgrado.
  • Eliminación de exenciones tributarias a las multinacionales extranjeras e incremento progresivo de la participación estatal en la explotación de recursos naturales, en particular los de tipo minero-energético y reducción del presupuesto destinado tanto a la guerra como a la deuda pública, a fin de garantizar una financiación plena para la educación. Rechazamos las privatizaciones de empresas de servicios públicos pues ello es causa fundamental de su carestía. Parte de las utilidades de las empresas de servicios públicos deben destinarse al financiamiento de las Universidades Públicas.
  • El Icetex solo  será financiado por recursos del estado, no provenientes de deudas con el sector financiero ni con organismos multilaterales de crédito, así tendrá la capacidad de reestructurar sus créditos,  suspender los procesos contra quienes no han podido pagarlos y refinanciar los restantes. Los nuevos créditos que se otorguen serán sin capitalización de intereses y contarán con subsidios por logros académicos, deportivos y culturales.
  1. DEMOCRACIA Y AUTONOMÍA
  •  Fortalecimiento de la autonomía universitaria, entendida ésta como:
i) La facultad de las Instituciones de Educación Superior para definir sus cuerpos de gobierno de manera democrática y con participación mayoritaria de los estamentos que componen la comunidad universitaria en la dirección de la misma; ii) Definición autónoma de sus agendas investigativas, programas, currículos y contenidos por miembros de la comunidad académica como herramienta para asegurar la calidad,; iii) Determinación autónoma del gasto, en base a las necesidades, prioridades y definiciones de la comunidad universitaria. La autonomía entendida en estos términos solamente puede desarrollarse en tanto la comunidad académica cuente con garantías efectivas para la participación, por tanto exigimos el descongelamiento de la planta docente de las Universidades Públicas y el aumento de los profesores de tiempo completo y de dedicación exclusiva. Rechazamos los procesos de acreditación y las pruebas Saber Pro –antes Ecaes-, en primer lugar, por no constituir un referente real que dé cuenta de la calidad académica y en segundo lugar, por constituir una flagrante violación a la autonomía académica de las Universidades colombianas. Bajo ninguna circunstancia se puede entender que en virtud de la autonomía universitaria se obligue a las Universidades Públicas a basarse en sus propios esfuerzos económicos para garantizar su funcionamiento e inversión.

  1. BIENESTAR
  •  Entendemos que el bienestar universitario es un componente integral de la formación académica y por tanto éste debe ser ofrecido directamente por las Universidades y no a través de concesiones. Con este sistema se deben asegurar las elementales prestaciones como salud, alimentación, vivienda, transporte y el ejercicio de actividades deportivas, culturales y artísticas. Las garantías laborales para los trabajadores hacen parte del mismo, por tanto exigimos la contratación directa de los empleados de las universidades y el respeto a sus derechos salariales y prestacionales.
  • Exigimos que los recursos para bienestar universitario sean contemplados por los recursos que destina el Estado a las Universidades Públicas y que estos integren su base presupuestal.
  1. CALIDAD ACADÉMICA
  • Comprendemos que la calidad académica solamente será producto del respeto y garantías para que las comunidades académicas puedan desarrollar de manera optima su ejercicio académico, por tanto exigimos: i) El descongelamiento de la planta docente de las Universidades Públicas del país y el aumento progresivo de docentes de tiempo completo y de dedicación exclusiva; ii) El respeto y garantía para la libertad de cátedra en todas las universidades colombianas; iii). El aumento de cobertura en educación superior sobre la base de financiación adecuada a la Universidad Pública, como principal herramienta para asegurar la calidad. Finalmente rechazamos la estandarización de contenidos, política desarrollada a través de diferentes herramientas como los procesos de acreditación, las pruebas Saber Pro o la implementación de competencias académicas, ciudadanas o laborales.
  1. LIBERTADES DEMOCRÁTICAS
  • Respeto y apoyo tanto a las expresiones culturales, políticas y sociales al interior de las Universidades, como a las formas de organización estudiantil, profesoral y sindical. Exigimos garantías para el goce efectivo de los Derechos Humanos, por tanto rechazamos la militarización de los campus y la persecución hacia miembros de la comunidad universitaria. De igual manera nos oponemos a las acciones tendientes a estigmatizar al movimiento universitario y exigimos respeto a la movilización social y al derecho a la protesta, así como a las demás libertades y derechos democráticos.
  1. RELACIÓN UNIVERSIDAD-SOCIEDAD
  • La universidad colombiana debe estar ligada a las necesidades más sentidas del pueblo colombiano y al desarrollo y progreso de su mercado interno, por tanto su actividad académica e investigativa estará a su servicio. Esto implica que la universidad pública debe discutir y adoptar un nuevo modelo pedagógico que afronte, discuta y genere alternativas con respecto a las problemáticas sociales, económicas y medio ambientales que afronta el país, vincule a los grupos étnicos y culturales que componen la nación colombiana. Entendemos que la extensión universitaria hace parte integral del quehacer académico de la universidad motivo por el cual este debe responder a las prioridades y necesidades del pueblo colombiano.
  • Exigimos la creación de hospitales universitarios plenamente financiados por el Estado al servicio de la comunidad académica y de los colombianos y no al servicio del sector privado.
  • El estudiantado exhorta la concreción de la solución política y dialogada al conflicto armado interno que vive el país."

sábado 11 de junio de 2011

Bola de cristal: Ecos de la ruptura Mockus-Peñalosa, el barco de Nosferatu y el Partido de la U

La posibilidad de una alianza Mockus-Petro-Parody, sugerida por la revista Semana,  me parece plausible, aunque yo agregaría que hay otras fuerzas dentro del Polo y en el liberalismo con las cuales se podrían construir identidades programáticas básicas. Si, de entrada, esta alianza se perfila sobre el entendido de que Mockus sería el candidato a la alcaldía, tanto mejor. En todo caso, creo que hay que ir un poco más allá, pues la crisis que dejó el uribismo apenas está desarrollándose y la agenda del país -paz, reconciliación y prosperidad-, para sintetizarla de un modo incluyente, requiere un movimiento nacional vigoroso pero alejado del uribismo, y para el cual las posturas del presidente Santos, de Germán Vargas Lleras, de Juan Camilo Restrepo, de Angelino Garzón, de Rafael Pardo, y otros afines, resultan más que oportunas y convenientes. Precisamente el error de Peñalosa-Lucho, que yo atribuyo a precipitud de Lucho Garzón y a oportunismo coyuntural, consistió en no interpretar el momento en el sentido de que Uribe y el uribismo van camino a la derrota y a su desparición de la escena política en el mediano plazo. Ni en Colombia, ni en el subcontinente sudamericano, ni en el mundo, hay cabida para prácticas políticas como las que conforman la imagen heredada por el partido de la U. Al contrario, su proximidad provoca cierto asco pues la probabilidad de contagio negativo es alta y cada vez lo será más. Peñaolsa y Lucho perderán por ello. Poco a poco, el barco uribista será desalojado por todos aquellos que lo crearon con el fin de roer el erario público y apoderarse del queso estatal, como en la sobrecogedora imagen de las ratas que abandonan hambreadas el barco de Nosferatu a su llegada a Amsterdam. Ese es el futuro que en mi bola de cristal le aparece al partido de la U. Hay que ayudarle a Santos no sólo a sacar adelante un gobierno progresista sino a alejarlo del uribeñismo y a que termine de generar las condiciones para la disolución formal del Partido de la U. Soy un convencido de que un movimiento nacional amplio, a la cabeza del cual estén Juan Manuel Santos y Antanas Mockus, cada uno representando a sectores de distinta tradición política pero convergentes en un proyecto de nuevo país, es lo que puede sacarnos del pantano. Y este es el momento para que se hagan las señales apropiadas.

domingo 16 de enero de 2011

El legado del uribismo y las elecciones regionales del 2011 en Colombia

El legado del uribismo: el balance pendiente

El narcoparamilitarismo no es un "legado" de las AUC (Autodefensas Unidas de Colombia), como erróneamente dice El Espectador en su editorial http://www.elespectador.com/opinion/editorial/articulo-245079-el-nefasto-legado-de-auc; es un legado de Alvaro Uribe Vélez (AUV) y del fracaso de sus políticas, empezando por la desmovilización paramilitar, durante el casi decenio de sus gobiernos.

Lamentablemente para el país, ese fracaso se hace cada vez más evidente a medida que se publican cifras y hechos relativos a todos los sectores de la administración estatal durante el uribato. Incluso, los espectaculares éxitos militares contra las FARC-EP (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo) no necesariamente significan, en términos de la estructura de la guerra, éxitos estratégicos cuya permanencia conduzca al fin de las acciones de dicho grupo, sin considerar, tarde o temprano, la opción de una negociación para liquidar la guerra.

Es demasiado pronto para que los expertos y opinadores intenten un balance fiable de los gobiernos de Uribe, cuyo resultado más consensual, por ahora, es la llegada al gobierno de Juan Manuel Santos; de eso no hay duda. Pero hay todavía demasiados intereses que la caída de la reelección truncó, y cuyos usufructuarios acarician aún la esperanza de que los mejores días para ellos regresarán y podrán continuar con los planes -grandes y costosos negocios pendientes en infraestructura física, agroindustria, minería y petróleo, energía y telecomunicaciones - dentro de los mismos círculos financieros y sociales actuantes durante el decenio pasado. Por ahora están siendo parcialmente remplazados por los cercanos al santismo y a su estrategia de alianzas de centro-centro y centro-izquierda. Esta es, hasta ahora, la novedad visible de Juan Manuel Santos (JMS), más allá de ciertos cambios en el estilo y en el 'charm' personal del mandatario bogotano.

Es, precisamente, esa esperanza de los uribeños y la incertidumbre frente a la impunidad de sus delitos (para muchos certeza ya), la que mantiene al país todavía en una tensión inconveniente que, si dura más de la cuenta, el riesgo de que escale hacia un enfrentamiento entre amplios sectores de la población civil, podría hacerse patente.

Colombia: elecciones regionales 2011

Es perceptible que una proporción considerable -aunque todavía no medida como se debe por las encuestas - rechaza la posibilidad de un regreso de Uribe y los uribeños al poder, al menos en la configuración que tenía antes de JMS. Esto dificulta o hace impracticables las aspiraciones electorales directas de Uribe Vélez y de su círculo más afecto e identificable, por lo que sus tácticas se mueven hacia convocar nuevos liderazgos que les permitan camuflar los viejos mediante, entre otros recursos, los llamados "talleres democrácticos". La sola adopción de tal nombre está denotando la intención subyacente de dar prioridad a los procedimientos; una operación de mecánica electoral.

Aunque la táctica de los "talleres democráticos" tiene sus variantes regionales, se inscribe también dentro de la estrategia de cooptar y dividir a sectores de opinión de centro-centro o centro-izquierda que subsisten subordinadamente en el Partido Verde, en el Partido Liberal, en el Polo y en los "sin partido". Los rumores que los propagandistas de Uribe han estado propalando sobre las simpatías de Uribe y los uribeños por Enrique Peñalosa como el candidato "verde" (aunque en realidad es bastante verde-pálido) al que apoyarían para la alcaldía de Bogota, y, quizás, los reproches de centralismo de Sergio Fajardo contra su Partido Verde, pueden formar parte de la misma manipulación uribeña de la coyuntura: un Fajardo periférico, víctima de la exclusión de las centralistas directivas verdes suena bien a los oídos de la clientela uribeña, siempre quejosa de la discriminadora y excluyente oligarquía bogotana (como si en Antioquia los quejosos no representaran, a su vez, a la oligarquía montañera, como les gusta llamarse).

Para darle credibilidad a las quejas, los uribeños parece que cuentan con Antanas Mockus, cuyas declaraciones contradictorias y confusionistas, no han surtido otro efecto que allanar el camino para que el uribismo alcance el éxito de su plan divisionista y disolvente de los sectores críticos o independientes que podrían agregarse al Partido Verde, con la excepción probable del petrismo. Aunque ahora le brindan al elector una galleta apetecible, representada en la supuesta aspiración de la ex-parlamentaria Gina Parodi, cuyo papel merecerá capítulo aparte, apenas se precise un poco más la coyuntura electoral, de forma que puedan verse también los escenarios factibles para partidos como el Polo Democrático Alternativo y la fracción que aglutinan Gustavo Petro, el concejal Carlos Vicente De Roux y el senador Luis Carlos Avellaneda, para referirse sólo a los que están por fuera de la inefable y gobernante Alianza por la Unidad Nacional.

Dudo mucho que cualquier cosa que salga de tan enrarecida olla política sea buena para Colombia. Incluso, el éxito de los esfuerzos del gobierno de Santos, con su enfoque de prosperidad y de reivindicación social, podría estar seriamente comprometido. Adelgazando más el hilo hasta se puede aventurar la sospecha de que el uribeñismo podría estar interesado en producir un resultado electoral que se convierta en un atolladero legislativo, financiero, administrativo (y hasta de orden público, pues hay narcoparamilitares que coincidirían con esto) contra el gobierno de JMS, Germán Vargas Lleras, Juan Camilo Restrepo y Angelino Garzón.

La prosperidad democrática, la equidad y el buen gobierno: ¿Una nueva alianza?

En contraste, las elecciones regionales podrían ser la "vuelta de tuerca" que desate una nueva alianza favorable a ahondar el enfoque de prosperidad democrática, reivindicación social y buen gobierno que preconiza JMS, a despecho de los más recalcitrantes uribeños del Partido de la U. En esa nueva alianza cabrían los verdes y toda la clorofila de la fotosíntesis política que mira hacia allí, lo mismo que el polismo menos insensato; el petrismo, que de lo contrario estaría más perdido que la plata de los Nule; aparte, claro está, de las cartas duras del santismo en la U., el partido liberal, el vargasllerismo y las nuevas tendencias que lideran el vicepresidente Angelino Garzón y tal vez el ministro Juan Camilo Restrepo, quien puede resultar con un merecido nicho propio. Se trata de 'despajar el mazo' para 'bajarse' de las cartas que no hacen juego, como dirían en el póker. Esas se quedarían con el uribeñismo y el conservatismo, pero se empezaría a delinear con mayor precisión el territorio de la política en Colombia para la próxima década y hasta por más tiempo, si esa alianza, además del gobierno de la prosperidad democrática y la equidad, logra la paz y liquida la delincuencia organizada.

El auto-ostracismo de Uribe: ¿una opción patriótica?

A menos que Uribe, en un acto de cordura hacia sí mismo, hacia su familia y hacia Colombia, o por pudor y pena, decide abstenerse de participar en la vida política y esperar con resignación los fallos de la justicia que penderán sobre él y sobre casi todos sus lugartenientes durante los años venideros. Esto haría más dúctil el material político en juego y podrían tener cartas en la nueva partida algunos de los personeros de la vieja alianza uribeña que no tengan pendencias judiciales abiertas o previstas. El auto-ostracismo de Uribe Vélez puede ser una opción de hondo significado histórico, hasta reivindicatoria de sí mismo, de cara al porvenir. Me atrevo a especular que puede haber sido parte de alguna reflexión de insomnio del expresidente. En todo caso, en un momento así es cuando se echa de menos la sabiduría política ateniense, que a los dirigentes más destacados y queridos por la plebe ática, pero que se tornaban hegemónicos o autoritarios tras su permanencia en el poder, les decretaba el ostracismo temporal, votado por la asamblea como medida de seguridad pública. Pero en ninguna parte ni nunca se ha excluido que el auto-ostracismo pueda ser una opción democrática y, si les gusta el término, patriótica.

miércoles 10 de noviembre de 2010

AMAZONAS 20-30 Y LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA LA AMAZONIA


AMAZONAS 20-30

Acaba de ser lanzada en Colombia una iniciativa llamada Amazonas 20-30, apoyada por AVINA y el gobierno de Holanda "que promoverá la rendición de cuentas de la gestión pública y del impacto de la actividad privada" en la Amazonia, con el propósito de "crear un nuevo paradigma de desarrollo amazónico que contribuya a la sostenibilidad y la calidad de vida tanto de sus habitantes como de sus ecosistemas", según se lee en la web de la embajada (http://colombia.nlembajada.org/Noticias/Inici%C3%B3_la_alianza_Amazonas_2030). "El Amazonas es un bien global" y "no vamos a esperar un gran acuerdo mundial" para la preservación de la Amazonia, ha agregado la embajadora holandesa al diario colombiano Portafolio (http://www.portafolio.com.co/economia/pais/ARTICULO WEB-NOTA_INTERIOR_PORTA-8290542.html). AVINA, por su parte, es una fundación internacional creada por el empresario suizo Stephan Schmidheiny, con intereses en diferentes ramas de la industria y de la banca globales, entre ellos el controvertido Eternit Group (http://en.wikipedia.org/wiki/Stephan_Schmidheiny). Iniciativa importante, sin duda, al frente de cuya gestión se encuentran personas de las mayores calidades y reconocimientos tanto en la comunidad de ONGs empresariales como en el medio institucional amazónico.

El lanzamiento del nuevo proyecto estuvo precedido de la realización de una encuesta de percepción ciudadana sobre la Amazonia, ejecutada por la prestigiosa firma encuestadora de Napoleón Franco. Los resultados que se han empezado a divulgar son un tanto decepcionantes si tenemos en cuenta que desde hace bastante tiempo ha habido en Colombia proyectos semejantes, incluso de mayor envergadura y fondos, que autorizarían a pensar que la ciudadanía tiene un mayor nivel de conocimiento y de conciencia sobre los problemas de la región, más allá de las FARC y del narcotráfico y de Kapax y de los delfines rosados.

Pero no es así. Una de las
mediciones arroja el dato de que el 67% de los encuestados declara no conocer nada sobre la selva tropical. Es una paradoja, pues si bien ese resultado justificaría, aún más, la mayor difusión y divulgación de la problemática amazónica, al mismo tiempo limita las capacidades de la opinión pública para juzgar qué es conveniente y qué no lo es en estas materias.

Para situarse dentro de un contexto necesario, hay que señalar que estas iniciativas de cooperación tienen en Colombia amplios antecedentes que es preciso tomar en consideración, sobre todo por la baja exposición pública que han tenido históricamente y por el hecho de que ni siquiera dentro de las comunidades especializadas, académica y amazónica, se tiene plena claridad y convicción sobre los alcances de tales proyectos y menos aún sobre los tópicos que han sido objeto de intervención. Más bien aparecen rodeados de un aura de esoterismo y mistificación que ya es hora de develar, pues al tiempo que generan expectativas plausibles y convocan simpatías también, para los medianamente enterados, provocan reticencias y escepticismo. Toda lección debe ser aprendida y asumida en sus escuetas dimensiones y a ello va este post.

La cooperación internacional siempre será bienvenda, incluso en países del denominado "desarrollo intermedio" y hasta en los llamados países "desarrollados". La cooperación internacional es un recurso estratégico para afianzar las fortalezas de quienes las tienen y desarrollar capacidades donde no las hay. Y particularmente para crear espacios de intervención de la ciudadanía (a menudo referida como "sociedad civil", un concepto hoy en día en decadencia por el abuso de su uso desde mediados del siglo pasado).

Algunos países, entre ellos Colombia, pese a que en el ámbito internacional son considerados como de "desarrollo intermedio" y, por lo tanto, idóneos para cierto tipo y nivel de cooperación, la recepción de contribución financiera y técnica sigue siendo una necesidad. Para los países ricos o "desarrollados", la cooperación internacional es la filosofía política y el lenguaje que, junto con el de los Derechos Humanos, han adoptando las relaciones internacionales.

La experiencia y tradición de Colombia en estas materias no ha estado exenta de controversias; al contrario: El país ha tenido cooperación internacional, gubernamental y no gubernamental, en casi todos los campos y en todas las escalas. Unos proyectos han sido más vistosos que otros o han tenido mayor aceptación pública, o estimulado más el debate político, como el bien conocido caso del Plan Colombia, luego llamado Plan Patriota, un controvertido paradigma de cooperación gobierno a gobierno, con objetivos centrados en la lucha contra el cultivo de plantas de uso ilícito, el narcotráfico y, recientemente, la insurgencia guerrillera en la medida de su articulación con el narcotráfico.

Dentro de los proyectos que de entrada concitan la simpatía del público están, sin duda, los relacionados con temas ambientales, ciencia y educación, y los de lucha contra la pobreza, aunque estos últimos no suelen tener identidades muy claras, pues a veces aparecen como pro-vivienda, proyectos productivos, entre otras imágenes.

LA COOPERACIÓN INTERNACIONAL PARA LA AMAZONIA

La década del 70 fue especialmente prolífica en el compromiso de Colombia con la coperación internacional, concepto ya cincuentenario por estos días, como quiera que se originó en los procesos de reconstrucción de Europa tras la II Guerra Mundial, Plan Marshall de por medio.

Fue durante esta década que tuvo lugar uno de los más grandes programas de cooperación científica y tecnológica, soportado por Holanda y destinado a producir un primer acercamiento al conocimiento físico y biológico de la Amazonia, mediante la adquisición y sistematización de imágenes de radar y satelitales. Me refiero al Proyecto Radargramétrico del Amazonas (PRORADAM), aunque la comprensión del para qué de esos trabajos no pudo ser alcanzada, en su momento, sino por sus directos involucrados dentro y fuera de los gobiernos que tuvieron que ver con él.

El caso es que, superado PRORADAM, las puertas que abrió, los espíritus que movilizó y el horizonte que iluminó, siguen gravitando en la órbita de los ambientalistas, expertos en ciencia y tecnología y expertos en hacienda pública (por el impacto patrimonial público de las mediciones y cartografías), así como en el grueso de la población estudiantil y de la ciudadanía usuaria habitual de la cartografía. Y aunque PRORADAM no fue, ni mucho menos, el inventor de la investigación científica y tecnológica sobre la Amazonia, ni sobre el bosque tropical húmedo, los grandes proyectos que le sucedieron, la mayoría también holandeses, no podrían haber existido sin él.

Las preguntas suscitadas sobre el futuro de la Amazonia y de la Amazonia colombiana en particular, empezaron a responderse desde mucho antes que el tema fuese siquiera reconocido en la agenda pública internacional o tuviese vida académica formal en la Universidad colombiana. Mientras eso ocurría en nuestra provincia, las empresas minero-energéticas, forestales, farmacéuticas, y unos cuantos núcleos de científicos de todo el mundo, avizoraban un porvenir inquietante y lleno de posibilidades en los 7 millones de kilómetros cuadrados de la cuenca. Fue con ese telón de fondo que al finalizar PRORADAM y la década del 70, Holanda, como vanguardia de la investigación en selvas tropicales y del empresariado forestal en el mundo, apoyó la creación del que quizás sea el mayor proyecto de I&D (versión años 70) que se haya tenido en el país hasta ahora, a pesar de los varios proyectos semejantes que se han sucedido después.

El Proyecto DAINCO-CASAM del Convenio Colombo-Holandés fue, por cierto, una apuesta arriesgada, incluso temeraria, de intentar dar respuesta a las preguntas sobre la Amazonia, su identificación, su conocimiento y su porvenir. Más allá de los recursos invertidos, de por sí cuantiosos, la importancia histórica de ese proyecto radica en la enorme movilización de energía humana y de compromiso personal que provocó entre cientos de jóvenes y viejos académicos y entre docenas de comunidades de colonos y de indígenas que acudieron a hacer sus aportes y a elevar sus voces, en procura de que sus ideas e intereses fuesen incorporados en el horizonte de conocimientos y de políticas del proyecto que sentó, sin duda, las bases para la construcción de la región amazónica colombiana como desde entonces se empezó a conocer.

El proyecto DAINCO-CASAM fue evaluado por expertos nacionales e internacionales; sus resultados son diversos y a veces contradictorios; están ahí para un debate que no comienza del todo, pese a los 20 años transcurridos desde su terminación. En todo caso, el casi medio millar de estudios científicos de calidades variables, la extensión de su influencia en los procesos organizativos de comunidades indígenas y de colonos a lo largo y ancho de la Amazonia colombiana y la figuración internacional que les dió a las temáticas ambientales, indígenas, económicas y geopolítcas de las selvas amazónicas, conforman un legado indiscutible sin el cual las iniciativas posteriores habrían sido imposibles.

Nada más una somera revisión de sus bibliografías y los ecos de su presencia en el ámbito académico y político nacional e internacional, provoca admiración pues ninguno de los temas pertinentes entonces ni los que hoy en día han emergido en las agendas públicas le fueron ajenos al DAINCO-CASAM. Para haber sido, como dije, una apuesta riesgosa y temeraria, fue sorteada con éxito, apenas con unos cuantos "rasguños", como se diría coloquialmente. Pese a sus errores (los cuales ya han tenido quien se ocupe de ellos), todo aquel que tenga que ver con la I&D de la Amazonia colombiana, todavía la debe algo al DAINCO-CASAM.

El DAINCO-CASAM le posibilitó el camino y le cedió el lugar a TROPENBOS, otra grande iniciativa, también holandesa, organizada a todo lo largo del cinturón de selva tropical húmeda del planeta a finales de los años 80, y que aún sobrevive. TROPENBOS, con un campo de intervención más reducido, circunscrito a la investigación académica, elevó la calidad de los estudios, incorporó nuevas tecnologías, formalizó el desarrollo de recursos humanos y constituyó un fondo editorial de circulación internacional. Los estudios de TROPENBOS en su conjunto, al lado de estudios a menudo insulares de algunas fundaciones privadas con apoyo internacional y algunos otros de los aportes antiguos y recientes de las uiversidades, constituyen, en mi opinión, el acervo de conocimientos sobre la selva tropical húmeda colombiana de mayor calidad académica del que se dispone hoy en día.

Al final de la década de los 80 y empezando los años 90, la Amazonia se había puesto de moda en el mundo y en Colombia esa pulsación se tradujo en una eclosión de grupos de interés, organizaciones, fundaciones y una abultada cartera de proyectos y programas con todos los propósitos imaginables. Todas las músicas y todos los ritmos. El guión común podría resumirse en una tríada basal: Conocimiento - Conservación - Sostenibilidad. Las líneas melódicas y la tonalidad estaban dadas, entonces como ahora, por motivos como el Calentamiento Global, el narcotráfico, los derechos indígenas y el desarrollo sostenible. Toda esa polisemia que incluye la discursividad vigente en la Amazonia colombiana de hoy. Varios millones de euros fueron destinados a apoyar el desarrollo de iniciativas dentro de esas líneas, más o menos desagregadas.

A comienzos de la década de los 90, un puñado de entusiastas fuimos corresponsables de atraer cooperación técnica y financiera para apoyar esa energía que se había desplegado. Los convenios se ganaron para Colombia y el gobierno nacional creó el llamado Fondo Amazónico, coadministrado por la Unión Europea; se adelantaron actividades en todos los nuevos departamentos amazónicos pero, por contraste, nos hallamos sabiendo muy poco en qué consistieron tales actividades, cuáles grupos humanos fueron beneficiados con sus actuaciones, qué actores sociales intervinieron durante los años de vigencia del Fondo, qué evaluaciones se han hecho y divulgado sobre sus resultados. Ni siquiera quienes contribuimos como gestores del Fondo, aunque nada hayamos tenido que ver con la ejecución del proyecto, estamos al tanto de esas respuestas, pese a haberlas buscado. En este caso, la palabra es del gobierno nacional y de la Unión Europea.

Por la misma época, grupos privados nacionales en alianza con grupos internacionales de ambientalistas, crearon organizaciones como la Fundación GAIA (primero subsidiaria de su homónima inglesa, luego persona jurídica nacional propía) y el Proyecto COAMA (Consolidación Amazónica. Se refiere a la consolidación de los resguardos indígenas creados por el gobierno Barco, bajo los auspicios de quienes a renglón seguido crearon GAIA y el proyecto COAMA). Esta alianza de organizaciones recibió importantes contribuciones de la Unión Europea y de países de la UE, como Holanda, para adelantar su trabajo, dentro de su visión peculiar de intervención en el medio indígena, durante casi 10 años, con resultados que también padecen la invisibilidad, pues no han sido objeto de la debida divulgación, o carecen todavía de una evaluación de dominio público. Aunque se trata de iniciativas privadas, al fin y al cabo las realidades sociales y políticas del país y la situación específica de los pueblos indígenas bajo la jurisdicción del estado colombiano, fueron invocados para la gestión de esos recursos, apoyos y reconocimientos.

Hoy en día es un hecho aceptado que también las organizaciones sin ánimo de lucro y de utilidad común deben no sólo pedir cuentas sino rendirlas. Actualmente estas mismas organizaciones (GAIA, COAMA) y otros adherentes se están reagrupando en el proyecto Amazonas 20-30 y aspiran a recibir nuevamente el apoyo del país y de la comunidad internacional. Está bien que lo pidan y ojalá lo reciban, pero antes sería bueno saber cuáles fueron sus inversiones y qué se logró con los fondos de fuente pública ejecutados, exigencia también predicable para el Fondo Amazónico, que también irrigó recursos en numerosas organizaciones de la llamada "sociedad civil", y que tiene todavía pendiente su rendición de cuentas.

El proyecto COAMA y su sistema de fundaciones van a ejecutar fondos públicos de Holanda o suministrados a través de Holanda. El gobierno de Holanda sabrá qué hacer con su plata y no soy quién para decirle cómo debe hacerlo. Pero los colombianos tenemos derecho a pedir que toda cooperación que se gestiona en nombre de Colombia y en pro de la misma, esté precedida de alguna evaluación sobre qué se ha logrado con la cooperación anterior, ejecutada por los mismos que ahora están pidiendo más y, sobre todo, que esa evaluación proceda de fuentes independientes y contenga el punto de vista de actores amazónicos que conozcan los proyectos pero que no hayan tenido vínculos contractuales o pecuniarios individuales con aquellos.

Tal vez sea hora de adoptar un modelo de ejecución de recursos de cooperación amazónica que reduzca los márgenes de intermediación y que sea controlado por instancias mixtas público-privadas, con veeduría internacional. La iniciativa Amazonas 20-30, basada en un principio de precaución, podría ajustarse a un tal esquema de ejecución que elevaría su eficacia, asimilando las lecciones del reciente pasado, y poniéndose a resguardo de cualquier riesgo subjetivo, única garantía de la perdurabilidad de su actuación y de su efecto.

lunes 5 de julio de 2010

Ecodemagogia y Medio Ambiente: ¿Un ministerio deliberadamente mal perfilado?

Luego de casi dos décadas desde su creación constitucional, el ministerio colombiano del medio ambiente no ha logrado consolidar una imagen inequívocamente reconocible por los ciudadanos y eso ha facilitado la manipulación que los gobernantes de turno han hecho de dicha cartera y de los temas de su competencia, pese a la ley 99 y otras reglamentaciones. El ministerio ha sido dirigido, entre otras, por personas procedentes desde el sector agropecuario (hay la idea fija de que el medio ambiente sólo tiene que ver con el campo) hasta por ambientalistas promotores del paisajismo (tal vez en este caso la idea era la difusión, el apego a las bellezas naturales, etc.). Los resultados, con muy contadas excepciones han sido francamente malos para los intereses estratégicos de los bienes y servicios ambientales del país y buenos para quienes desde todos los ángulos, la explotación industrial o el ecoturismo y el paisajismo, se han lucrado de dichos bienes y servicios bajo diferentes sombrillas políticas o técnicas.

Y ahora parece que son suficientes títulos de idoneidad para dirigir esa agencia gubernamental, el ser activa promotora del ecoturismo con credenciales de protectora de la fauna acuática de un islote perdido en el Pacífico, en donde el negocio ha consistido en llevar a ingenuos y bienintencionados turistas a observar la fauna desde botes convenientemente preparados y operados por empresas familiares y aliadas de la familia. Porque no otra cosa es la que subyace al nombramiento (aún no concretado, pues no hay decreto) de la bióloga marina y promotora ecoturística Sandra Bessudo, como nueva ministra del medio ambiente en el inminente gobierno de Juan Manuel Santos.

Aparte, claro está, del antecedente desestimado por el presidente electo sobre la vinculación del padre (Jean Claude Bessudo - AVIATUR) de la candidata a ministra, con las más controvertidas concesiones, otorgadas precisamente por el Minambiente, para el manejo y explotación comercial ecoturística de varios de los más importantes parques naturales del país. Y, por lo que parece, viene por más. Esas concesiones, que han elitizado y limitado el acceso a bienes de la nación a miles de ciudadanos, por sus elevados costos y estilos ajenos a las culturas locales, han terminado por excluir de la promoción ecoturística y del disfrute libre y respetuoso de la naturaleza a miles de pequeños empresarios regionales, además del evidente mal gusto que significa viajar en esos vehículos acuáticos promiscuos, en donde no faltan el trago y la música impropia, mientras se asolean las estrías y se toman fotos. Un sucedáneo chic de la playa que, por cierto, está empezando a agotar su vigencia como lugar de esparcimiento, luego de un siglo de apogeo.

Pues bien. Es hora que los gobernantes se vuelvan serios para abordar una agenda ambiental para Colombia, de manera que sus gestores estén a la altura de la misma y no sean simples figurones para devolver favores de campaña. Lo que tiene el país por delante en estas materias es demasiado grave y comprometedor como para tomárselo a la ligera: cerca de 200 nuevos bloques petroleros en proceso de concesión y casi todo el territorio nacional cubierto con decenas de miles de solicitudes de áreas mineras; más de 4 millones de hectáreas de sabanas tropicales secas expuestas a convertirse en monocultivos extensivos de palma aceitera, con consecuencias naturales y humanas todavía difíciles de predecir con certeza; pérdida incremental de cuerpos de agua de superficie y fuentes subterráneas, por el errático e indiferente manejo de los abandonados procesos agropecuarios en la última década, la década de los desplazados y desterrados; escasez e impotabilidad de los acueductos municipales, mientras prolifera la contaminante y depredadora industria multinacional del agua embotellada; abandono absoluto de la inserción de Colombia en los pactos internacionales subregionales, como es el caso del Tratado de Cooperación Amazónica, por darle prioridad a las disputas del príncipe de turno con los príncipes vecinos; abandono completo e impune de antiguos proyectos de protección y recuperación de cauces y cuencas fluviales, como los casos del Magdalena, el Cauca y el río Amazonas, para citar sólo los más protuberantes, incluyendo la indiferencia total frente a graves problemas humanos generados por la desidia gubernamental con respecto a las infraestructuras portuarias fluviales, como el destartalado y vergonzoso muelle fluvial de Leticia, en el Amazonas, y los de Buenaventura y Tumaco en el Pacífico, también para citar sólo los más escandalosos.

Mientras tanto, las labores de control y vigilancia que el Ministerio ejerce de por sí o por medio de las entidades del llamado Sistema Nacional Ambiental, Corporaciones Autónomas incluidas, carecen del respaldo decidido de las altas jerarquías gubernamentales, inclinadas a la complacencia hacia sus favorecedores, casi todos beneficiarios de licencias ambientales. Sólo un puñado de jóvenes funcionarios de campo, mal pagados, con contratos precarios generalmente financiados por la comunidad internacional y muy poco o casi nada por el erario público, hacen lo que pueden, ahí si por amor al arte, tratando de que se cumplan las licencias y la ley 99, hasta que sus jefazos y jefazas los frenan o les cancelan sus contratos, por meterse con sus amigotes. Y también hay, claro está, los que con conocimiento y tolerancia de sus jefes aparentan hacer la tarea de control y vigilancia transportándose en los vehículos de las empresas vigiladas, durmiendo y comiendo en los casinos y hoteles de las empreas vigiladas, sin que a nadie de más arriba le importe.

Pero nos haríamos interminables y agotadores enumerando la realidad descarnada de la pobrísima gestión ambiental que hemos tenido, especialmente durante la década perdida de Uribe, pero no únicamente. A finales de los noventa, dejamos pasar de largo las oportunidades que se abrieron con el Protocolo de Kyoto, pues las autoridades ambientales de entonces no avizoraron el panorama estratégico que abría el Protocolo. Pese a existir disposiciones y políticas, el Minambiente no invierte un centavo en ciencia y tecnología que no sea aportado por sus clientes beneficiarios de licencias ambientales. En la última década -la década perdida -, abandonamos el escenario suramericano y fuimos despojados de la preeminencia que tuvimos alguna vez en el Tratado de Cooperación Amazónica y en la política ambiental de la cuenca. Nos estamos limitando a medio cumplir los compromisos en materia forestal en la frontera amazónica, pero renunciamos a exigir la reciprocidad que Brasil y Perú, y todos los demás signatarios, nos deben en esa materia. Hay que ver los muladares en que especialmente el Brasil está convirtiendo las riberas de los afluentes mayores que desembocan en la frontera común, sin que haya una sola nota de exigencia de reciprocidad por parte de un viceministro o viceministra y menos por alguna burocrática e inútil comisión de vecindad. Creo que en el gobierno ni siquiera saben dónde queda todo eso, pues por allá no hay hospedajes de 5 estrellas para viaticar y lagartear con los politicastros que hacen sueldo-turismo parlamentario.

Y a que esas anomalías de gestión continúen y se agraven, dado el panorama minero y energético que se avecina, nos exponemos con la designación de una jefe de cartera cuyo perfil, formación y experiencia personales tal vez sean funcionales para las labores particulares que realiza a traves de su fundación y sus negocios, pero no para enfrentar retos como los aludidos. Para ser ministro del medio ambiente no es suficiente conocer el campo, ser buen fotógrafo, ser biólogo y buzo; ni siquiera ser ambientalista, amigo de las focas, de los delfines rosados o de los indígenas, grandes protectores del medio ambiente. Si el nuevo gobierno quiere generar credibilidad en esta materia y no más de lo mismo, como parece, debe empezar por modificar el orden de precedencia del Minambiente y escoger un ministro o ministra que responda política y técnicamente al perfil funcional que la agenda nacional ambiental requiere. Basta, simplemente, que se fije en serio en lo que al respecto hacen países serios y punto.